En una esquina abarrotada de Brooklyn, un grupo de aficionados ha encontrado en el fútbol danés una nueva pasión. Mugs Bar, un establecimiento modesto en Williamsburg, se ha convertido en el epicentro de una alegría colectiva gracias a la pertenencia y la inversión en un equipo de tercera división de Dinamarca: el Akademisk Boldklub (AB).
Una comunidad unida por el fútbol
Todo comenzó con un pequeño grupo de cinco veteranos de la industria del deporte, quienes, impulsados por la idea de involucrarse en el fútbol europeo, encontraron su camino hacia AB. Desde entonces, más de 150 nuevas inversiones han surgido, transformando a aficionados en propietarios. “Esto ha cambiado mi visión del deporte”, comenta Brian Grieco, abogado y presidente del grupo. “Siento más emoción ahora por el equipo en el que estoy involucrado que por cualquier otro equipo antes”.
Un día de partido especial
El ambiente en Mugs Bar es electrizante cada vez que AB juega. En una reciente tarde de viernes, la sala se llenó de hinchas enfervorizados, muchos de ellos vestidos con los colores verdiblancos del equipo, listos para animar al club que se encuentra en la segunda división danesa. En un rincón del bar había cervezas y, en la pantalla, un partido emocionantemente transmitido legalmente gracias a la inversión comunitaria.
Los orígenes de una pasión compartida
El entusiasmo ha ido creciendo desde la llegada de los primeros inversores. Andy Glockner, uno de los inversores originales, explicó la decisión de apostar por un club danés: “Analizamos varios países y nos dimos cuenta de que Dinamarca ofrecía la mejor oportunidad en términos económicos y de condiciones”. AB tenía historia, un estadio cercano a Copenhague y una base de aficionados leales que había sobrevivido a tiempos difíciles.
Una experiencia única de propiedad
Lo que distingue a Mugs Bar de otros bares de Nueva York es que aquí no solo se ve fútbol, sino que los aficionados son propietarios. Este aspecto ha creado un sentido profundo de pertenencia, donde cada juego se siente como un evento familiar. “No solo se trata de ser dueños, sino de encontrar una comunidad a través del fútbol”, afirma Glockner.
Una hinchada diversa
El rango de aficionados en el bar varía desde recién nacidos hasta jubilados. Familias enteras se reúnen para apoyar a su equipo, y nuevos seguidores se suman a cada partido. Los asistentes llevan etiquetas con sus nombres, lo que fomenta las conversaciones y la interacción entre los hinchas. Incluso, el patrocinador Carlsberg ha aportado cervezas gratuitas para el disfrute de los propietarios.
Una visión de futuro
Mientras el equipo busca consolidar su lugar en la liga, los propietarios de AB miran hacia el futuro con ambición. Con un nuevo entrenador y planes para aumentar la inversión y fomentar la actividad comunitaria, el objetivo es claro: volver a la primera división danesa. “Estamos construyendo este club en muchos aspectos y tenemos una visión clara de lo que queremos ser”, asegura Glockner.
El impacto del fútbol en Nueva York
Con cientos de bares que transmiten fútbol en la ciudad, pocos se dedican a un equipo de tercera división danés. La comunidad de Mugs demuestra que, incluso en la distancia, los lazos pueden ser profundos y significativos. “Es una forma alegre de interactuar con el hermoso juego”, concluye Grieco, mientras celebra un gol de AB. La historia de este colectivo es un recordatorio de cómo el fútbol puede unir a las personas, sin importar la distancia geográfica.