George Best, uno de los íconos más grandes del fútbol, fue aclamado no solo por su talento en el campo, sino también por su vida desenfrenada fuera de él. A menudo recordado como “el quinto Beatle”, Best dejó una huella imborrable en el Manchester United y en el mundo del deporte. A lo largo de su carrera, se ganó elogios de gigantes del fútbol como Pelé, quien declaró que Best era “el mejor que había visto”. Sin embargo, a medida que su fama creció, también lo hizo su afición por la fiesta, lo que eventualmente llevó a su trágica caída.
La vida doble de George Best
En 1969, Best estaba en la cúspide de su carrera. Un año antes, había guiado al Manchester United a su primera Copa de Europa y había sido el máximo goleador en Inglaterra, además de recibir el codiciado Balón de Oro. Sin embargo, su vida no giraba únicamente en torno al fútbol; sus escapadas nocturnas y su estilo de vida bohemio comenzaron a eclipsar su talento natural en el campo.
Un descubrimiento temprano
George Best nació en Belfast en 1946 y fue descubierto a la edad de 15 años por el cazatalentos del Manchester United, Bob Bishop, quien escribió a Matt Busby: “Creo que he encontrado a un genio”. Su debut llegó en 1963, y rápidamente formó parte de una de las delanteras más temidas del país junto a Denis Law y Bobby Charlton. Juntos, lograron grandes éxitos, incluida la tan esperada victoria en la Copa de Europa en 1968, donde Best anotó un gol crucial en la final contra el Benfica.
Magia en el campo y fuera de él
Best no solo destacaba por su habilidad futbolística, sino también por su personalidad magnética. Con su cabello largo y su estilo de vida glamoroso, simbolizaba una nueva era en el deporte, al igual que muchos rockstars de la época. Recordando sus palabras: “Si me das la elección entre marcar un gol desde 40 yardas en Anfield o ir a la cama con Miss Mundo, sería una decisión difícil. Por suerte, he hecho ambas cosas”.
- 🍾 Gastó la mayoría de su dinero en alcohol, mujeres y coches rápidos.
- 🥂 Aseguró que el resto simplemente lo malgastó.
El descenso de un ícono
La vida de George Best tomó un giro oscuro a medida que se entregó más a la fiesta. Comenzó a llegar borracho a los entrenamientos y fue suspendido por el entrenador del United, Tommy Docherty, en 1972. Con solo 27 años, Best jugó su último partido con el United, transitando posteriormente por equipos de ligas inferiores en Inglaterra y Estados Unidos. Sin embargo, el foco de atención ahora se centraba en su vida fuera del fútbol.
Legado y admiración
A pesar de los estragos que causaron sus adicciones, Best dejó un legado que perdura. En 2002, recibió un trasplante de hígado, pero continuó con su estilo de vida destructivo. Su muerte en 2005, a la edad de 59 años, dejó a una gran cantidad de seguidores con el corazón roto. Alrededor de 100,000 personas asistieron a su funeral, donde se reconoció su impacto en el deporte.
En ciudades como Manchester y Belfast, aún resuena la frase: “Maradona es bueno, Pelé es mejor, George Best es el mejor”. A lo largo de los años, su vida ha sido objeto de múltiples homenajes y sigue siendo recordado no solo como un extraordinario futbolista, sino como un verdadero ícono cultural.